«Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22,21).

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Pbro. Iván Garza / Diócesis del Norte

El Evangelio de este domingo nos invita a reflexionar sobre nuestras prioridades y sobre el lugar que Dios ocupa en nuestra vida.

Jesús nos recuerda que no todo se trata de poder, cargos, reconocimientos o intereses personales. También dentro de la Iglesia podemos caer en la tentación de buscar protagonismo, defender posiciones y olvidar que nuestra verdadera misión es servir.

Podemos hablar de amor, unidad y humildad, pero lo que realmente da testimonio de nuestra fe son nuestras acciones. De nada sirven los discursos religiosos si no somos capaces de vivir el Evangelio con honestidad, misericordia y amor al prójimo.

Dios no nos pide apariencias ni títulos; nos pide un corazón dispuesto a servir, una conciencia honesta y una vida coherente con aquello que predicamos.

Menos ambición y más servicio; menos apariencia y más Evangelio. Porque los cargos pasan, el poder termina y los reconocimientos se olvidan, pero el bien que hacemos y el amor que entregamos dejan huella.

Que este domingo nos ayude a preguntarnos con sinceridad: ¿estamos trabajando para nuestra propia gloria o para la gloria de Dios?

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