Pbro. Iván Garza / Diócesis del Norte
El Evangelio de este domingo nos invita a reflexionar sobre nuestras prioridades y sobre el lugar que Dios ocupa en nuestra vida.
Jesús nos recuerda que no todo se trata de poder, cargos, reconocimientos o intereses personales. También dentro de la Iglesia podemos caer en la tentación de buscar protagonismo, defender posiciones y olvidar que nuestra verdadera misión es servir.
Podemos hablar de amor, unidad y humildad, pero lo que realmente da testimonio de nuestra fe son nuestras acciones. De nada sirven los discursos religiosos si no somos capaces de vivir el Evangelio con honestidad, misericordia y amor al prójimo.
Dios no nos pide apariencias ni títulos; nos pide un corazón dispuesto a servir, una conciencia honesta y una vida coherente con aquello que predicamos.
Menos ambición y más servicio; menos apariencia y más Evangelio. Porque los cargos pasan, el poder termina y los reconocimientos se olvidan, pero el bien que hacemos y el amor que entregamos dejan huella.
Que este domingo nos ayude a preguntarnos con sinceridad: ¿estamos trabajando para nuestra propia gloria o para la gloria de Dios?




