Por el Revdo Pbro. Gabriel Hernández | Diócesis de Quincy (ACNA)
Aunque suele asociarse la devoción mariana casi exclusivamente con el catolicismo romano, la Virgen María ocupa también un lugar significativo y primordial dentro de la tradición anglicana. Para los fieles de la Comunión Anglicana, María es honrada principalmente como figura bíblica central en la historia de la salvación, modelo de fe, obediencia y humildad, más que como objeto de una devoción popular estructurada.
María en la Sagrada Escritura y los Credos
El anglicanismo, fiel a su principio de fundamentar la fe en la Escritura, reconoce a María ante todo como la madre de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado. Los credos históricos que los anglicanos profesan —el Credo Apostólico y el Credo Niceno— afirman claramente que Jesús “nació de la Virgen María”, subrayando así la importancia doctrinal de María en el misterio de la Encarnación.
Para los anglicanos, esta afirmación no es secundaria: María es testigo privilegiado del actuar de Dios en la historia, la mujer que dijo “sí” al plan divino y permitió que el Verbo se hiciera carne.
Un modelo de fe, no un dogma de división
A diferencia del catolicismo romano, el anglicanismo no ha definido como dogmas universales la Inmaculada Concepción ni la Asunción de María. Sin embargo, dentro de la Comunión Anglicana existe una amplia diversidad de sensibilidades. Algunos anglicanos —especialmente en el ámbito anglo-católico— aceptan estas creencias como piadosas y teológicamente legítimas, mientras que otros prefieren mantener una aproximación más sobria y estrictamente bíblica.
Lo que une a todos es la convicción de que María nunca debe ser comprendida de manera que oscurezca la centralidad de Cristo. Toda honra a María, insisten los teólogos anglicanos, debe conducir siempre a Jesucristo.
María en la liturgia anglicana
El Libro de Oración Común, columna vertebral de la vidalitúrgica anglicana, incluye referencias claras a María, especialmente en las celebraciones de la Anunciación (25 de marzo) y la Visitación, así como en los textos navideños. El Magníficat —el cántico de María— es rezado o cantado diariamente en la oración vespertina (vísperas), lo que mantiene viva su voz en la espiritualidad cotidiana de la Iglesia.
De este modo, María no es una figura lejana, sino una presencia constante en la oración y la alabanza comunitaria.
María hoy: puente ecuménico
En el diálogo ecuménico contemporáneo, María se ha convertido en un punto de encuentro entre anglicanos y católicos. Documentos conjuntos, como los elaborados por la Comisión Internacional Anglicano-Católica (ARCIC), han mostrado que existen más convergencias
que diferencias en la comprensión bíblica y teológica de la Madre de Jesús.
Para muchos líderes anglicanos, María representa hoy un puente: una mujer judía, creyente, profundamente humana, que invita a todas las Iglesias cristianas a redescubrir la fe sencilla, la escucha atenta de la Palabra y la confianza radical en Dios.
Una presencia discreta, pero esencial
En el anglicanismo, María no ocupa el centro del culto, pero sí el corazón del relato cristiano. Es venerada con respeto, estudiada con rigor y propuesta como ejemplo de discipulado auténtico. En tiempos marcados por la búsqueda de sentido y la necesidad de modelos de fe creíbles, la figura de María sigue hablando, también desde los púlpitos y las liturgias anglicanas, con la misma sencillez y profundidad que hace dos mil años: “Hágase en mí según tu palabra”.




