✍️Por: Pbro. Roberto Castillo Mata | Diócesis del Norte
En la tradición cristiana, y de manera muy especial en el anglicanismo, existe un principio teológico que expresa con profundidad nuestra identidad espiritual: lex orandi, lex credendi —la ley de lo que creemos es la ley de lo que oramos—. En otras palabras, nuestra fe se forma, se expresa y se fortalece en la oración. Somos lo que creemos, y creemos como oramos.
Para la Iglesia Anglicana, la liturgia no es un conjunto de ritos vacíos ni una herencia inerte del pasado, sino una escuela viva de fe. En cada oración del Libro de Oración Común, en cada colecta, salmo, lectura bíblica y sacramento, se va moldeando nuestra comprensión de Dios, de la Iglesia y de nuestra misión en el mundo. No creemos primero para luego orar; aprendemos a creer orando juntos como comunidad.
Este principio reafirma nuestra comunión eclesial, nuestra historicidad y nuestra sucesión apostólica. En el anglicanismo reconocemos que nuestra fe no nace de improvisaciones ni de modas religiosas, sino que emana de la tradición viva y de la praxis apostólica transmitida a lo largo de los siglos. Al orar como Iglesia histórica, en continuidad con la fe de los apóstoles, proclamamos que somos herederos de una fe encarnada en la vida, el testimonio y el sacrificio de quienes nos precedieron. Nuestra liturgia no solo recuerda el pasado: lo hace presente y lo actualiza en nuestra vida comunitaria.
Nuestra identidad se sostiene sobre tres pilares fundamentales: Escritura, Tradición y Razón. Estos elementos se reflejan claramente en nuestra oración común. La Palabra de Dios ocupa un lugar central; la tradición nos conecta con la Iglesia universal; y la razón nos permite vivir la fe de manera consciente y responsable. Así, la liturgia se convierte en un diálogo vivo entre Dios y su pueblo.
Decir “somos lo que creemos” es reconocer que la fe no se queda en el ámbito de las ideas, sino que se encarna en la vida cotidiana. Lo que confesamos con los labios debe reflejarse en nuestras acciones: en el amor al prójimo, en la justicia, en la misericordia y en el compromiso con el bien común. La oración nos transforma, nos confronta y nos envía al mundo como testigos del Evangelio.
En tiempos donde la fe corre el riesgo de reducirse a lo privado o a lo meramente emocional, lex credendi, lex orandi nos recuerda que la fe es comunitaria, pública y comprometida. Oramos como Iglesia y creemos como Iglesia. Nuestra liturgia nos une, nos enseña y nos impulsa a vivir con coherencia el mensaje de Cristo.
Que cada celebración, cada plegaria y cada sacramento nos ayuden a reafirmar nuestra identidad anglicana, nuestra comunión y nuestra fidelidad al Evangelio. Porque, al final, nuestra oración revela quiénes somos… y nuestra fe nos define ante el mundo.




