Entre la verdad y la simulación: un llamado urgente a la comunión

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Por: Rev. Iván Garza.- En los últimos días, la vida eclesial se ha visto marcada por la difusión de información en torno a un supuesto “Sínodo General Extraordinario”. Este hecho, más allá de su apariencia formal, nos obliga a reflexionar con seriedad sobre la manera en que se construye la vida de la Iglesia: no desde la improvisación, sino desde la fidelidad a los procesos canónicos, la legalidad y, sobre todo, la verdad.

La Iglesia no es un espacio donde la representación se asume por iniciativa propia ni donde los procesos se improvisan. Existe un orden canónico y jurídico que garantiza la autenticidad de cada acto eclesial. Cuando estos cauces son ignorados, no solo se pone en duda la legitimidad de los actos realizados, sino que se hiere profundamente la comunión, que es el corazón mismo de la vida cristiana.

Lo que hoy presenciamos presenta señales preocupantes: acciones que aparentan legalidad, pero que no logran sostenerse en los procesos establecidos. Esto no puede interpretarse sino como un intento de legitimación apresurada, que lejos de fortalecer a la Iglesia, genera confusión, división y desconfianza entre los fieles.

Es importante subrayar que los procesos legales y canónicos continúan su curso y será en su momento cuando el esclarecimiento de la verdad llegue con la claridad que todos esperamos. La Iglesia, como madre y maestra, no puede ni debe precipitar juicios, pero tampoco puede permanecer en silencio ante aquello que genera desorden y desinformación.

En este contexto, resulta necesario hacer un llamado firme, pero profundamente evangélico hacia una salida de reconciliación. La Iglesia necesita puentes, no rupturas; diálogo, no imposiciones; verdad, no simulaciones.

Porque cuando la simulación se instala, la verdad se oscurece. Y cuando la verdad se oscurece, la comunidad entera sufre. Ningún proyecto eclesial puede sostenerse sobre la base del engaño o la desinformación. La historia misma de la Iglesia nos enseña que toda construcción fuera de la verdad está destinada a derrumbarse.

La Sagrada Escritura lo expresa con claridad: quien edifica sobre arena, verá caer su casa. Esta no es solo una advertencia espiritual, sino también una enseñanza profundamente práctica para la vida comunitaria. Sin cimientos firmes —la verdad, la legalidad y la comunión—, cualquier estructura, por más sólida que parezca, terminará por desmoronarse.

Por ello, el momento actual no debe ser visto únicamente como un conflicto, sino como una oportunidad. Una oportunidad para volver a lo esencial: a la transparencia, al respeto de los procesos, al reconocimiento mutuo y al compromiso sincero con la unidad.

A los fieles, clérigos y laicos, les invito a mantenerse atentos, a no dejarse llevar por información no verificada y a seguir caminando en comunión. La Iglesia no se construye desde intereses particulares, sino desde el discernimiento comunitario y la fidelidad al Evangelio.

Hoy más que nunca, estamos llamados a elegir: o caminamos en la verdad, o nos perdemos en la simulación. Que nuestra decisión sea clara.

Firmes y adelante.

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