Retiro

0
230

Rev. Carlomangno Osorio Urán/Dean Instituto Teológico “Francisco Moreno”.- La vida espiritual tiene una paradoja curiosa. El ser humano corre, organiza, planea, produce… pero el corazón solo encuentra dirección cuando permanece. No cuando huye, no cuando compite, no cuando se dispersa. Cuando permanece.

En el Evangelio, Jesucristo lo dijo con una claridad casi desconcertante: “Permanezcan en mí.” No dijo primero “trabajen”, “construyan” o “demuestren”. Dijo permanezcan. Es una estrategia espiritual muy distinta a la lógica del mundo.

Permanecer juntos no es simplemente estar en el mismo lugar. Es algo más profundo: es mantener un mismo fuego interior. Cuando una comunidad se reúne alrededor de Cristo, ocurre algo casi químico, como cuando varios carbones encendidos se acercan. Uno solo se apaga rápido. Juntos, el fuego se vuelve más fuerte.

La tradición cristiana describe ese momento con una imagen poderosa: el Pentecostés. Los discípulos estaban reunidos, unidos, sin protagonismos personales, esperando. Y precisamente allí, en esa unidad sencilla, irrumpió el Espíritu Santo como viento y fuego.

No fue casualidad.

La unidad crea espacio para la acción de Dios.

El Espíritu no solo fortalece individuos; forma comunión. Donde hay encuentro sincero, escucha mutua, oración compartida y humildad para caminar juntos, el Espíritu encuentra terreno fértil. Allí toca los corazones, sana las heridas invisibles y recuerda a todos que la misión nunca es individual.

Porque al final, el centro no somos nosotros. El centro siempre es Cristo.

Por eso permanecer juntos es una decisión profundamente espiritual. Significa elegir la comunión antes que el ego, la misión antes que el protagonismo, la fraternidad antes que la distancia. Significa recordar que la Iglesia no es un proyecto humano sino un cuerpo vivo que respira del Espíritu.

Cuando una comunidad permanece unida en Cristo, ocurre algo hermoso: el cansancio se vuelve esperanza, la diversidad se vuelve riqueza y la misión se vuelve posible.

Y entonces se cumple algo sencillo pero poderoso:

Cristo vuelve a hacerse visible en medio de su pueblo.

Deja un comentario