No basta decir “Hosanna”: cuando la fe deja de ser grito y se vuelve vida

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Por Pbro. Iván Garza /Diócesis del Norte

Cada año, al iniciar la Semana Santa, repetimos un gesto que parece sencillo, pero que encierra una gran exigencia: alzamos nuestros ramos y proclamamos “¡Hosanna!”. Sin embargo, esa aclamación no puede quedarse en los labios; está llamada a transformar la vida.

Jesús entra en Jerusalén aclamado como Rey, pero no tarda en ser rechazado, traicionado y condenado. La misma multitud que grita con entusiasmo es capaz de guardar silencio ante la injusticia. Y esa escena no está tan lejos de nosotros.

También hoy seguimos proclamando nuestra fe, participando en celebraciones, compartiendo mensajes religiosos… pero al mismo tiempo convivimos con el dolor de tantos crucificados de nuestro tiempo. Las madres buscadoras que no dejan de clamar justicia, los migrantes que cargan su cruz en el camino, los pueblos originarios que siguen siendo ignorados.

La pregunta es inevitable: ¿de qué lado estamos?

No podemos celebrar a Cristo Rey y permanecer indiferentes ante el sufrimiento humano. No podemos cantar “Hosanna” dentro del templo y guardar silencio ante la injusticia fuera de él. Porque el Cristo al que aclamamos es el mismo que sufre en cada persona herida, olvidada o descartada.

Decir “Hosanna” significa reconocer a Jesús como Señor, pero también asumir su estilo de vida: cercano, compasivo, comprometido con los que sufren. Significa dejar que su Evangelio cuestione nuestras comodidades, rompa nuestras indiferencias y nos empuje a actuar. Un “Hosanna” auténtico incomoda, mueve, transforma.

La Semana Santa no es un acto simbólico ni una tradición vacía. Es una confrontación. Es un llamado a la coherencia. Es una invitación a dejar de ser espectadores y convertirnos en discípulos.

Seguir a Cristo implica asumir su camino. Y su camino pasa por la cruz: por el compromiso, por la compasión, por la valentía de no voltear el rostro ante el dolor ajeno.

Hoy más que nunca, nuestra fe necesita encarnarse. Necesita volverse acción, cercanía, solidaridad. Necesita dejar de ser solo palabra para convertirse en vida.

Porque al final, el verdadero “Hosanna” no se grita… se vive.

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