✝️ Cuando vendemos lo que más vale

0
315

Por Pbro. Iván Garza/ Diócesis del Norte

El relato de hoy nos confronta sin rodeos: Judas Iscariote acepta entregar al Señor por treinta monedas de plata. No es solo una traición antigua; es un espejo incómodo de nuestra vida diaria.

Porque, siendo honestos, nosotros también negociamos. No con monedas de plata quizá, pero sí con pequeñas decisiones que, poco a poco, van rebajando lo que somos y lo que creemos.

Vendemos la verdad cuando preferimos quedar bien antes que ser honestos.

Vendemos la justicia cuando callamos ante lo que está mal.

Vendemos la fe cuando solo nos acordamos de Dios en los problemas.

Vendemos el amor cuando respondemos con indiferencia, orgullo o egoísmo.

No son grandes traiciones visibles… son las de todos los días. Las que parecen pequeñas, pero que van enfriando el corazón.

Judas no traicionó de un momento a otro. Su corazón ya llevaba tiempo alejándose. Y eso es lo peligroso: uno no se da cuenta cuando empieza a cambiar lo esencial por lo cómodo, lo verdadero por lo fácil, lo eterno por lo inmediato.

Y, sin embargo, el Evangelio nos deja una luz: Jesús sigue sentándose a la mesa, incluso con quien lo va a traicionar. No retira su amor. No deja de mirar con misericordia. Eso significa que, aun cuando fallamos, siempre hay camino de regreso.

Este Miércoles Santo no es para juzgar a Judas, sino para detenernos un momento y preguntarnos con sinceridad:

¿qué estoy negociando en mi vida?

¿qué estoy dejando perder por comodidad o miedo?

¿cuánto vale mi fe en mis decisiones concretas?

Porque llega un punto en que uno tiene que decidir: o todo tiene precio… o hay cosas que simplemente no se venden.

Y el amor de Dios, la dignidad del corazón y la fidelidad a lo que creemos… no deberían estar nunca en oferta.

Deja un comentario